Los drones y sus dilemas, en el cine

Exhibida por vez primera en el Festival de Cine de Toronto en septiembre de 2015, se ha estrenado ahora en EE.UU. Eye in the Sky (El ojo en el cielo), una película anglo-estadounidense que se esfuerza por desentrañar los complejos problemas -técnicos, morales, legales, políticos, internacionales y humanitarios- que lleva consigo la utilización militar de los drones. En España está previsto su estreno el próximo mes de mayo con el título “Espías desde el cielo”.

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El eje de la acción se centra en una coronel del ejército británico encargada de perseguir a unos terroristas en Nairobi, la capital de Kenia. Se ha localizado allí a dos dirigentes, estadounidense y británico, de Al Shabáb, la organización terrorista africana responsable de los más recientes atentados en Somalia.

La coronel Katherine Powell (interpretada por Helen Mirren) no necesita viajar a África para cumplir su misión: su trabajo se desarrolla en una oficina londinense desde donde dirige un programa secreto de drones. Estrechamente relacionados con ella operan dos pilotos de drone estadounidenses desde una base en Nevada (EE.UU.) y varios agentes secretos en Kenia.

La película se abre presentando crudamente las decisiones éticas y legales que deben adoptar los responsables civiles y militares del Estado para matar a un sospechoso cuando forzosamente al hacerlo se producirán también víctimas inocentes. Sin tomar partido, el argumento del filme muestra cómo la tecnología moderna, incapaz de facilitar las decisiones, solo las hace más complicadas.

La coronel observa en sus pantallas (véase la figura) el interior de una casa de Nairobi, gracias un drone miniaturizado no mayor que un abejorro, y comprueba que los dos terroristas buscados, junto con otros presuntos miembros de Al Shabáb, están aparejando a un joven suicida con el chaleco explosivo y grabando las imágenes del futuro mártir. El plan previsto para apresar vivos a los dirigentes mediante un comando local es inmediatamente descartado porque Powell sospecha la inminencia de una nueva acción terrorista. Obtenida la autorización superior para el ataque, tras valorar la probabilidad de víctimas inocentes, ordena al operador estadounidense del drone disparar el misil y, justo cuando iba a hacerlo, éste observa que una niña instala enfrente de la casa un puestecillo para la venta de pan. Tras haber estado antes contemplándola cómo jugaba con un hulahula en el descampado contiguo, titubea, vacila en cumplir la orden y solicita una nueva valoración de las víctimas colaterales, dado el cambio de circunstancias.

El dilema está claro: si se ataca al edificio se impedirá el aparente ataque terrorista salvando otras vidas, pero la explosión matará a la niña inocente. Si se retrasa para no dañarla, los terroristas pueden abandonar la casa y quizá sea ya imposible evitar el atentado. Pero ¿y si la niña logra vender su pan y se aleja antes de que salgan los terroristas? Entonces se podría perseguirlos e incluso apresarlos más tarde sin dañar a nadie. ¿Y si el atentado fracasa? Se genera todo un alud de dudas basadas en hipótesis razonables.

El director, Gavin Hood, expresa así su opinión: “Queremos mostrar cómo cambia el modo de hacer la guerra y la forma de oponerse a ella”. Cree que su película abrirá un debate sobre el uso de los drones: “Espero que sirva para recordarnos que los asuntos más complicados exigen un diálogo sincero, profundo y no una simple exposición de ideas. Si conseguimos iniciar ese diálogo, estaremos contribuyendo a nuestra democracia porque la democracia gira en torno al debate y al diálogo”. Frase, esta última, de aplicación hoy en España ante la confusa situación creada por la formación de un nuevo Gobierno.

Por su parte, la actriz británica Helen Mirren explica su papel: “Mi abuelo era militar y creo que, de alguna manera, un militar debe ser inflexible porque no puede estar preocupado por las implicaciones y las consecuencias de lo que está haciendo. Eso sería molesto y muy inquietante. Un militar dice: ‘Este el problema y esto es lo que debemos hacer. Hagámoslo’. Pensé que mi personaje debía tener también esa cualidad”.

La película muestra además el agotador y difícil papel de los “pilotos” (mejor, operadores) de drones, que afrontan los mismos dilemas morales que las tropas en combate, aunque sus carreras son menos brillantes y están mal recompensadas. Son el último eslabón de una cadena que incluye coroneles, generales, miembros del Gobierno y hasta jefes de Estado, que a menudo también han de participar en las decisiones finales.

El espectador saldrá del cine repitiéndose el mismo debate que los personajes han desarrollado durante la acción. ¿Qué ventajas tiene utilizar drones en la guerra? No es solo el problema de las víctimas inocentes que mueren injustamente, sino también el de las repercusiones internacionales en la propaganda de guerra: ¿Qué efectos tendrá ese misil en la situación política de la zona? ¿Y en la mente de los que han pulsado el botón que ha convertido el objetivo en un montón de ruinas y cadáveres? ¿Podrán seguir viviendo como antes? Según el director, estas preguntas no respondidas son el verdadero corazón de su película.

Texto original: “http://www.republica.com/”, “Los drones y sus dilemas, en el cine” 

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